C004 Cardo Lechoso

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El cardo lechoso es una planta medicinal alta con ramas espinosas y una savia lechosa. Sabemos que es nativa de la región del Mediterráneo en Europa. Dentro de la Botánica, esta planta es conocida como Silybum marianum, un miembro de la familia Asteraceae. Durante varios años algunas otras plantas han sido llamadas "cardo lechoso" pero las autoridades en fitoterapia ahora reservan ese nombre común para esta especie. Es bueno hacer notar aquí que tampoco debe de confundirse con el cardo santo o bendito, el cual es Cnicus benedictus una planta totalmente diferente, aunque la similaridad de los nombres comunes religiosamente insipirados, es confusa.

            Hemos visto que otra área de confusión con respecto al cardo lechoso es la parte que se usa de la planta. La parte usada son pequeñas frutas duras conocidas técnicamente como aquenios; de los cuales se extrae un vilano. La mayor parte de la literatura de la herbolaria incorrectamente llama a estas frutas, semillas, las cuales sí parecen, pero no lo son. Las frutas del cardo lechoso han sido utilizadas durante muchos años para una variedad de enfermedades, pero especialmente para problemas hepáticos.

            Si hace una revisión sobre la evolución de los conocimientos sobre esta planta, veremos que hace algunos años, los científicos alemanes hicieron una investigación química de las frutas y tuvieron éxito en aislar una mezcla cruda de principios antihepatotóxicos (protectores del hígado) designados en conjunto como silimarina. La silimarina está contenida en las frutas en concentraciones que van del 1 al 4 %. Subsecuentemente, la silimarina demostró consistir en un número de compuestos, incluyendo principalmente de silibina, acompañada de isosilibina, dehidrosilibina, silidianina, silicristina y otros.

            Estudios en animales pequeños han demostrado que la silimarina ejerce un efecto protector hepático contra una variedad de toxinas incluyendo las falotoxinas de la Amanita mortal. Por otro lado, varios estudios clínicos humanos también han sido promisorios para las enfermedades hepáticas incluyendo la hepatitis y la cirrosis de diferentes orígenes. Los resultados de numerosos estudios sugieren que la silimarina tiene un potencial terapéutico considerable protegiendo a las células hepáticas intactas o a las células dañadas todavía no irreversiblemente al actuar sobre las membranas celulares para prevenir la entrada de substancias tóxicas. También es estimulada la síntesis de proteínas, por eso, se acelera de la misma manera, el proceso de regeneración y la producción de células hepáticas.

            Como resultado de este conocimiento, las autoridades Alemanas de Salud han respaldado el uso de la hierba como un tratamiento de apoyo para las enfermedades inflamatorias hepáticas y la cirrosis.

            Dentro de sus características físicas, desafortunadamente, la silimarina es muy poco soluble en agua, así que la hierba no es efectiva en forma de té. Los estudios demuestran que tales bebidas contienen menos del 10 % de la actividad inicial en el material de la planta. Esta pobre solubilidad aunada al hecho de que la silimarina es relativamente poco absorbida (20 al 50 %) en el tracto gastrointestinal, hace obvio que los principios activos son mejores administrados parenteralmente, es decir por inyección, en algunos casos. El uso oral requiere un producto concentrado. El cardo lechoso se vende como un complemento alimenticio en forma de cápsulas. En estudios clínicos realizados en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara, no hemos encontrado efectos tóxicos que resulten del consumo del cardo lechoso. Inclusive a largo plazo.

            Gracias a los estudios de investigación básica farmacológica, ahora sabemos que la silibina es el componente de la silimarina que rinde el grado más grande de actividad biológica. Tal vez el uso folclórico más dispersado de esta planta ha sido el de ayudar a las madres lactantes en la producción de leche. De la misma forma, se ha usado ampliamente en Alemania para curar la ictericia y los desarreglos biliares. Es interesante notar que el descubrimiento del compuesto protector del hígado, la silimarina en el cardo lechoso no fue el resultado de una búsqueda farmacológica cara, sino de la investigación de efectos empíricos del sibylum en los problemas del hígado.

            Los extractos del Sibylum marianum (usualmente estandarizados a contener entre el 70 al 80 % de silimarina) se usan a gran escala en la actualidad en las preparaciones farmacéuticas Europeas para enfermedades hepáticas. Sin temor a equivocarnos, podemos decir que la silimarina es una de las substancias conocidas más potentes como protectoras del hígado.

            En repetidas ocasiones, se ha demostrado que la habilidad el cardo lechoso para prevenir la destrucción del hígado y mejorar la función hepática es principalmente el resultado de la acción de la silimarina de estimular el crecimiento de nuevas células hepáticas para reemplazar a las viejas células dañadas. El hígado puede ser dañado como resultado de algunas toxinas que producen o actúan como radicales libres. Los radicales libres son moléculas altamente reactivas que pueden dañar a otras moléculas, incluyendo a aquellas en las células. Una deducción clara es que la silimarina previene el daño de los radicales libres al actuar como un antioxidante. La silimarina es muchas veces más potente en su actividad antioxidante que la vitamina E. Se ha demostrado que la silimarina aumenta el contenido de glutatión del hígado arriba del 35 % en sujetos sanos. El glutatión es responsable de desintoxicar un amplio rango de hormonas, drogas y substancias químicas. Como sabemos, aumentar el contenido de glutatión del hígado significa que el hígado tiene una capacidad también incrementada  para las reacciones de desintoxicación.

            La mayoría de los investigadores está de acuerdo en que otro modo en el que el hígado puede ser dañado, es por la acción de los leucotrienos. Estos compuestos son producidos por la transferencia de una molécula de oxígeno a los ácidos grasos poliinsaturados; esta reacción es catalizada por la enzima lipooxigenasa. Se ha demostrado que la silimarina es un potente inhibidor de esta enzima, por lo cual, inhibe la formación de los dañinos leucotrienos.

            El daño de los radicales libres a las estructuras membranosas por una enfermedad orgánica o una intoxicación resulta en una liberación aumentada de ácidos grasos. Esta condición nos lleva a un incremento en la síntesis de leucotrienos e inflamación, entre otras cosas. La silimarina contrarresta este proceso deletéreo al suprimir la descomposición patológica de los lípidos de las membranas y al inhibir la formación de leucotrienos y la inflamación.

            El efecto protector de la silimarina contra el daño hepático ha sido demostrado en un número de estudios clínicos y experimentales. El daño hepático experimental en animales puede ser producido por tales diversos químicos tóxicos como el tetracloruro de carbono, la galactosamina, el etanol, el nitrato y el praseodinium. La silimarina ha demostrado que protege al hígado de todas estas toxinas.

            Tal vez los efectos protectores más impresionantes de la silimarina son contra el envenenamiento severo de la Amanita phalloides (un hongo venenoso), un efecto que ha sido reconocido desde hace mucho en la medicina folclórica. La ingestión de A. phalloides o sus toxinas causa un envenenamiento severo y aproximadamente un 30 % de las víctimas, mueren.

            La silimarina ha demostrado resultados impresionantes en estos modelos experimentales. Cuando la silimarina se administra antes del envenenamiento con la toxina de la Amanita, fue 100 % efectiva en prevenir la toxicidad. Aún si se da 10 minutos después de la administración de la toxina de la Amanita, contrarresta completamente los efectos tóxicos. Si se da dentro de 24 horas, la silimarina aún prevendrá la muerte y reducirá muchísimo la cantidad del daño al hígado.

            Todos los pacientes con problemas del hígado que han participado en nuestros estudios clínicos, se han beneficiado del tratamiento con el cardo lechoso. Por eso, podemos afirmar que tal vez el efecto más interesante de los componentes del cardo lechoso sobre el hígado es su habilidad para estimular la síntesis de proteínas. Esta acción resulta en un  aumento en la producción de células hepáticas nuevas. De esta manera, se reemplazan las células viejas. Curiosamente, la silimarina no tiene un efecto estimulador sobre el tejido hepático maligno.

            La silimarina puede entonces utilizarse como un tratamiento coadyuvante en las enfermedades agudas y crónicas del hígado.

            En estudios clínicos realizados en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara, hemos tenido la oportunidad de corroborar que la silimarina tiene efectos positivos en el tratamiento de varios tipos de enfermedades hepáticas, incluyendo la cirrosis, la hepatitis crónica, la inflamación grasa del hígado (hígado graso inducido por el alcohol o substancias químicas), colestasis subclínica del embarazo, colangitis y pericolangitis. El efecto terapéutico de la silimarina en estas enfermedades ha sido confirmado por datos histológicos (estudios de tejido bajo microscopio), clínicos y de laboratorio (a través de exámenes de sangre o de gabinete como ecosonogramas, etc.).

            En uno de los primeros estudios clínicos grandes y doble ciego, investigando el efecto terapéutico de la silimarina en enfermedades hepáticas, la silimarina demostró resultados impresionantes en 129 pacientes con daño hepático tóxico metabólico, degeneración grasa del hígado de diferentes orígenes y hepatitis crónica, comparado con un grupo de control consistente en 56 pacientes. Los resultados podrían haber sido aún más impresionantes si el estudio hubiera durado más días.

            Un estudio de seguimiento de pacientes con daño hepático debido al alcohol, la diabetes, los virus o la exposición tóxica, demostró resultados aún más sorprendentes. Los pacientes fueron seguidos por más tiempo. No sólo hubo una mejoría clínica en los pacientes tratados con la silimarina, sino que los datos de la biopsia hepática y de laboratorio mejoraron también. Hubo cambios claros y notables en la retención de bromosulfaleina, transaminasas, hierro y niveles de colesterol. Los efectos terapéuticos de la silimarina en enfermedades hepáticas han sido duplicados en muchos otros estudios clínicos doble-ciego.

            En la actualidad, existe un aumento en la incidencia de la enfermedades autoinmunes. Estas enfermedades se caracterizan por que el cuerpo se ataca a sí mismo. La medicina ortodoxa ofrece únicamente tratamientos paliativos para este tipo de enfermedades. La psoriasis es una enfermedad en la que, también la medicina ortodoxa ofrece sólo tratamientos paliativos. Nosotros hemos utilizado a la silimarina en el tratamiento de la psoriasis.

            La corrección de la función hepática anormal está indicada en el tratamiento de la psoriasis. La silimarina es útil en el tratamiento de la psoriasis, tal vez debido a su habilidad para inhibir a la síntesis de los leucotrienos y mejorar la función hepática. La conexión entre el hígado y la psoriasis se relaciona con una de las tareas básicas del hígado: filtrar la sangre. La psoriasis está ligada a niveles altos de endotoxinas circulantes, tales como las encontradas en las paredes celulares de las bacterias intestinales. Si el hígado está abrumado por un número aumentado de endotoxinas o toxinas químicas o si la habilidad funcional del hígado para filtrar y desintoxicar está disminuida, seguramente que la psoriasis se pone mucho peor.

            Como ya lo mencioné otro factor importante en la psoriasis es la producción excesiva de leucotrienos. Se ha demostrado que la silimarina reduce la formación de leucotrienos al inhibir la lipooxigenasa. Por eso, la silimarina inhibirá una de las causas de la replicación celular excesiva.

            En el caso de las plantas medicinales, es también importante hablar sobre las dosis y las indicaciones y contraindicaciones. Los extractos del cardo lechoso con base de alcohol están virtualmente siempre contraindicados debido a la necesidad de administrar cantidades relativamente grandes de alcohol para obtener una dosis adecuada de silimarina. Como ya lo indiqué arriba, se puede utilizar la forma oral. En realidad, en la práctica médica, casi no se usan ni la vía intramuscular, ni la vía intravenosa.

            Se ha reportado un amplio rango de dosis en la literatura. Si se usa un extracto de silimarina estandarizado al 80 %, la dosis media normal sería baja por día. Las cápsulas deben de ser tomadas con agua antes de las comidas.

            El estudio de las dosis tóxicas es indispensable para el uso de cualquier substancia en los seres humanos, incluyendo a las plantas medicinales. Hasta el momento, no hemos encontrado ni un solo caso de intoxicación por cardo lechoso a las dosis recomendadas.

            Por la falta de toxicidad de la silimarina, el uso a largo plazo es factible cuando es necesario. En los estudios clínicos que hemos realizado y en otros publicados en la literatura, no se han reportado efectos colaterales indeseables, ni reacciones alérgicas.

            Las diferencias entre usar el extracto y simplemente ingerir la semilla entera son muy importantes. Me refiero a la potencia y a la garantía. La semilla entera no puede ser garantizada en relación a contener una cantidad dada de principios activos terapéuticos. Uno no puede estar seguro sobre la cantidad de semillas que se requieren para obtener cierta dosis terapéutica. Esto no es un problema, a menos que uno tenga una enfermedad hepática, entonces sí Ud. querrá la potencia más alta del extracto y además seguro que la querrá garantizada.

            Abuso del alcohol

            Uno de los usos para el cardo lechoso que emerge de la literatura es el de estimular la regeneración del tejido y la función en los hígados de personas sujetas al abuso del consumo del alcohol. Por ejemplo, en un estudio, los pacientes con degeneración grasa del hígado fueron divididos en grupos de acuerdo a la causa de la enfermedad (diabetes, obesidad, alcoholismo). El cardo lechoso produjo substancialmente una mejoría más marcada en el grupo en el cual el alcohol fue o el único factor causante o uno de los múltiples factores (94). Indudablemente veremos el uso del cardo lechoso en los centros de tratamiento contra el alcoholismo muy pronto. El cardo lechoso debe de estar en la dieta de cualquier persona que se esté recuperando del alcoholismo. Cada vez hay más evidencia científica de que también el cardo lechoso previene el daño hepático causado por medicamentos psicofarmacológicos, es decir, aquellos medicamentos que se usan para el tratamiento de insomnio, nerviosismo y otras enfermedades mentales.

            Todos estos efectos terapéuticos solamente se pueden obtener utilizando productos que sean estandarizados mínimo al 80 %.

   

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